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El papel del butirato en la prevención de los trastornos digestivos crónicos

El butirato es un ácido graso de cadena corta, producto de la fermentación de los glúcidos por las bacterias presentes en nuestra microbiota intestinal, en el colon. Por lo tanto, se trata de un posbiótico.

El butirato se absorbe y se utiliza en el colon, y representa la principal fuente de energía de las células de la pared intestinal.

Estudios recientes han demostrado los efectos beneficiosos del butirato sobre el ecosistema intestinal. Gracias a su papel sobre la permeabilidad intestinal y su efecto antiinflamatorio, el butirato puede ser especialmente interesante en la prevención de ciertas enfermedades digestivas, como las enfermedades inflamatorias crónicas del intestino, la diverticulitis o el síndrome del intestino irritable.

Butirato y síndrome del intestino irritable

El síndrome del intestino irritable es una enfermedad que afecta a 1 o 2 personas de cada 10 y se traduce por dolor abdominal crónico. El origen de esta enfermedad es una alteración del ecosistema intestinal y del eje intestino-cerebro

Para disminuir la inflamación intestinal, se recomienda corregir la alimentación, sobre todo mediante una dieta pobre en FODMAP.
Un estudio reciente1 ha demostrado, en los pacientes afectados por el síndrome del intestino irritable, que una disminución del consumo de glúcidos de cadena corta o FODMAP puede reducir los síntomas gastrointestinales funcionales.
Sin embargo, la mayoría de FODMAP son prebióticos procedentes de una alimentación rica en fibras, por lo que este tipo de modelo alimentario disminuye la producción de butirato.

Siguiendo los consejos del profesional de la salud y en asociación con el tratamiento estándar, una complementación con butirato puede ser interesante para paliar un eventual déficit de butirato y equilibrar la microbiota intestinal.

Butirato y EICI

Las enfermedades inflamatorias crónicas del intestino (EICI) son la enfermedad de Crohn y la rectocolitis hemorrágica. Estas enfermedades se caracterizan por una inflamación recurrente a lo largo del tubo digestivo. Una predisposición genética, respuestas inmunitarias inadecuadas y factores medioambientales podrían estar implicados en las EICI.

Entre los factores medioambientales, cada vez más estudios ponen en evidencia que la disbiosis interviene como un factor importante en el desarrollo y el mantenimiento de las EICI. 

En especial, se estima que una disminución del número de bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta, sobre todo butirato, puede estar implicada en la aparición y la gravedad de las EICI2.

Un estudio reciente también ha analizado los efectos de la administración de butirato por vía oral como complemento del tratamiento estándar en pacientes que presentan una rectocolitis hemorrágica. Los resultados de este estudio piloto indican que el butirato oral se tolera bien y podría mejorar la eficacia del tratamiento estándar3.

Butirato y diverticulitis

La diverticulosis cólica se caracteriza por la aparición de pequeñas hernias en la mucosa intestinal. Puede estar presente sin síntomas aparentes, pero también puede asociarse a problemas de estreñimiento o diarrea. Esta afección afecta principalmente a las personas de edad avanzada, a más del 65 % de las personas mayores de 85 años. En el 10 al 25 % de los casos, los divertículos se inflaman y entonces se habla de diverticulitis.

Se recomienda una dieta alimentaria equilibrada con alto contenido en fibras a los pacientes que padecen esta enfermedad. Un estudio clínico4 publicado también ha demostrado el interés de una complementación con butirato de sodio en la prevención de la diverticulitis. Después de 12 meses de complementación, se observó una disminución significativa del número de episodios de diverticulitis y una mejora de la calidad de vida en el grupo complementado con respecto al grupo de control.

Por otra parte, la acción de los probióticos para tratar los síntomas de la diverticulitis también es una vía interesante para los pacientes5 . Una complementación a base de tres cepas microbióticas, Bifidobacterium lactis, Lactobacillus acidophilus y Lactobacillus salivarius LA302, asociada al antibiótico estándar, redujo significativamente el dolor abdominal y la inflamación causados por la diverticulitis. 

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