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La microbiota intestinal en el centro de los trastornos digestivos

Trastornos funcionales intestinales (TFI), síndrome del intestino irritable, trastornos digestivos, colitis espasmódica: estas numerosas denominaciones constituyen, en realidad, un mismo fenómeno de salud, los trastornos funcionales digestivos, que afectan a más del 60 % de la población francesa1. Estos fenómenos corrientes afectan al intestino y se traducen por la aparición puntual o recurrente de síntomas múltiples, que varían en intensidad según cada uno.

Dolor abdominal, problemas de tránsito, retortijones, hinchazón o flatulencias, náuseas o vómitos, las manifestaciones funcionales digestivas –aunque generalmente son benignas– pueden alterar nuestra comodidad física y psíquica en la vida cotidiana. Una comida demasiado rica, un pico de estrés o una reacción a un alimento específico: las fuentes de las molestias digestivas varían. Pero pueden adoptarse buenos reflejos para prevenir estos trastornos o aligerar su impacto sobre nuestro organismo. En especial, los moduladores de la microbiota intestinal, como los probióticos y los alimentos ricos en fibras, ocupan el centro de las investigaciones sobre el bienestar digestivo.

Los trastornos digestivos, una entidad polimorfa

Hinchazón, acidez gástrica, dificultades para digerir la última comida… Como más del 60 % de la población francesa, ¡sin duda usted ya se ha enfrentado a estos síntomas molestos! Porque los trastornos funcionales de la digestión son muy corrientes: ¡representan actualmente más de un tercio de las consultas de los gastroenterólogos en Francia2!

Estos problemas digestivos aparecen generalmente después de una comida demasiado copiosa, demasiado grasa o demasiado especiada. Pero también después de un tentempié devorado deprisa, en un contexto de estrés o ansiedad. Si sus manifestaciones son numerosas, es porque las fuentes de estos síntomas son complejas y su identificación ocupa el centro de las investigaciones actuales. La calidad de vida, la toma de ciertos medicamentos, una mayor sensibilidad o el estrés son causas en estudio.

Lo que se sabe es que estos trastornos constituyen una entidad funcional y polimorfa que combina síntomas gastrointestinales crónicos o recurrentes.

¿Cuál es el papel de la microbiota intestinal sobre la digestión?

El intestino está compuesto por 3 «elementos» indisociables que funcionan de forma sinérgica: la microbiota intestinal (todavía llamada, a veces, flora intestinal), la mucosa intestinal y el sistema inmunitario intestinal.

Los trastornos funcionales de la digestión se traducen por una combinación variable de signos que se pueden identificar fácilmente:

  • Dolor abdominal
  • Sensación de pesadez
  • Náuseas
  • Vómitos
  • Retortijones
  • Tránsito lento o, al contrario, acelerado (estreñimiento o diarrea)
  • Hinchazón o flatulencia 
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Con sus 100 billones de bacterias, la microbiota intestinal se considera actualmente como un órgano de pleno derecho, que ejerce numerosas funciones fisiológicas, en especial para la digestión. Se distinguen tres funciones principales:

  • Una función metabólica y nutricional, asegurada por la digestión (fermentación) de los nutrientes no digeribles que las bacterias son capaces de degradar y cuyos productos derivados tienen un papel metabólico beneficioso (ácidos grasos de cadena corta, vitaminas de los grupos B y K, en especial).
  • Una función de protección frente a gérmenes patógenos calificada de efecto de barrera o de resistencia a la colonización.
  • Una función de estimulación del sistema inmunitario intestinal y periférico.

La microbiota intestinal está en interacción con la mucosa intestinal (que tiene una función de «filtro») y el sistema inmunitario intestinal (que interviene para la defensa contra los agresores y la tolerancia de los alimentos). Un desequilibrio de este ecosistema es susceptible de producir alteraciones, sobre todo digestivas.

El síndrome del intestino irritable: ¿un trastorno frecuente?

Actualmente, en Francia, el síndrome del intestino irritable (SII) representa una de las manifestaciones más corrientes de los trastornos funcionales de la digestión. Esta enfermedad afecta a 5 millones de franceses y una cuarta parte de los casos de SII se produce después de un episodio agudo infeccioso (como la gastroenteritis, por ejemplo). Se habla entonces de «SII postinfeccioso», más frecuente en las mujeres que han sufrido un episodio infeccioso de más de 5 días acompañado de estrés o ansiedad.

El SII se manifiesta por dolor abdominal o molestias digestivas, asociadas a hinchazón y alteraciones del tránsito.

Los trastornos evolucionan de manera crónica, en episodios recurrentes que aparecen al menos 3 días al mes, a lo largo de los 3 últimos meses. Las heces se diferencian por su frecuencia o por su consistencia.

El síndrome del intestino irritable aparece a menudo asociado a otras enfermedades:

  • Enfermedades intestinales (reflujo gastroesofágico, incontinencia anal)
  • Enfermedades extraintestinales (dolor de cabeza, migraña, fibromialgia, síndrome temporomaxilar, dolor dorsolumbar, dolor crónico pélvico, síndrome urogenital, fatiga crónica, asma)
  • Intolerancias y manifestaciones alérgicas (intolerancia al gluten o a los medicamentos, alergias alimentarias)

Aunque los mecanismos responsables del síndrome del intestino irritable están por esclarecer, los resultados de los estudios sugieren que existen alteraciones de la microbiota intestinal y, especialmente, una inestabilidad temporal de la microbiota fecal dominante

Modular la composición de la microbiota intestinal mediante un aporte específico de probióticos podría contribuir a mejorar la comodidad digestiva en el marco de un SII.

Los pacientes con un SII refieren también por sí mismos que algunas dietas atenúan sus síntomas: preferir las pequeñas comidas frecuentes (69 % de los casos), evitar las grasas (64 %), los productos lácteos (54 %), los hidratos de carbono (43 %), el café (41 %), el alcohol (27 %) o también la carne (21 %), por ejemplo6.

La asociación APSII proporciona actualmente apoyo y consejos a los pacientes que sufren un SII. Más información en www.apsii.org 

¿Cuáles son las causas de los trastornos funcionales digestivos?

Varios factores, a menudo acumulables, pueden producir trastornos digestivos:

  • Los excesos alimentarios o la ingesta demasiado rápida de comida, que suelen preceder a la aparición de los trastornos, generan una sobrecarga del sistema de digestión. Los órganos implicados en la digestión de los alimentos están desorganizados y ya no consiguen gestionar el aporte excesivo de alimento.
  • El estrés o la ansiedad, como factores psíquicos, pueden modificar el tránsito intestinal.
  • Una alimentación desequilibrada (por ejemplo, la alimentación occidental es pobre en fibras), asociada al sedentarismo, favorece un tránsito lento.
  • El cambio de ritmo de vida o de entorno, por ejemplo: viajes a zonas geográficas donde los criterios de higiene son menores7.
  • La edad.
  • El tabaquismo.
  • Una microbiota intestinal desequilibrada (se habla entonces de disbiosis)

Esta disbiosis de la microbiota intestinal dificulta sus funciones esenciales: el desarrollo del tracto digestivo, la nutrición y la degradación de los compuestos alimentarios no digeribles, la educación de nuestro sistema inmunitario, pero también la protección contra la colonización de los microorganismos patógenos externos a nuestro cuerpo. Sin este «efecto de barrera» de la microbiota intestinal, las bacterias llamadas «indeseables» no se contrarrestan y las bacterias beneficiosas no se toleran.

Según los criterios de diagnóstico Roma III, se califican de TFI los siguientes trastornos: el síndrome del intestino irritable (SII), la hinchazón funcional, el estreñimiento funcional, la diarrea funcional y el trastorno funcional intestinal inespecífico.

¿Cuáles son los buenos reflejos para mejorar la digestión?

Para anticiparse a la aparición de los trastornos funcionales digestivos, los buenos reflejos son múltiples. Una higiene de vida estable, asociada a una alimentación adecuada, representa el primer paso hacia la comodidad digestiva. Probióticos y fibras alimentarias ocupan el centro de las investigaciones científicas actuales. Se movilizan a la vez en la prevención de los trastornos funcionales digestivos, en el tratamiento de ciertos trastornos, ¡pero también para una mejora global del bienestar cotidiano!

1. Adopte una alimentación rica en micronutrientes, fibras y probióticos8,9

  • Probióticos: estos microorganismos vivos –cuando se administran en cantidad suficiente y con la asociación de cepas adecuada– influyen sobre nuestra microbiota intestinal y tienen efectos positivos sobre la digestión.

Los probióticos participan, en especial, en una mejor digestión de la lactosa, en una función de asimilación de los nutrientes más eficaz y en una regulación del tránsito más importante. 

La primera guía de referencia sobre el interés clínico de los probióticos específicos en la gestión de los síntomas gastrointestinales, realizada por la ESPCG (European Society for Primary Care Gastroenterology)8 a partir de 3000 estudios científicos, permite actualmente identificar mejor las cepas probióticas adaptadas a cada enfermedad y sus efectos constatados, sobre todo en la prevención de la diarrea asociada a los antibióticos y la reducción de los síntomas del SII.

  • Fibras9: los cereales, las verduras y las frutas, ricos en fibras, aceleran de forma natural el tránsito intestinal. Estos alimentos, repletos de agua, mejoran la contracción del colon y son fácilmente fermentados por la flora cólica, que genera gas. La alimentación moderna es cada vez más refinada, por lo que nuestro consumo de alimentos ricos en fibras a menudo está muy por debajo de las cantidades recomendadas.
  • Hojas de alcachofa: según estudios clínicos recientes, participan en la disminución de la dispepsia y los síntomas del síndrome del intestino irritable (dolor abdominal, hinchazón, estreñimiento)10.
     

2. Cuide su higiene de vida11,12

  • Ritmo de las comidas: el objetivo es conseguir una estabilidad alimentaria propicia para el bienestar. Las comidas deben tomarse a horas fijas, los alimentos deben masticarse bien y la cena debe tomarse al menos 3 horas antes de acostarse.
  • Elección de las bebidas: siempre debe preferirse el agua y consumirse en cantidad (al menos 1,5 litros de agua al día). En cambio, las bebidas con gas o alcohol deben consumirse puntualmente, siempre en pequeña cantidad.
  • Deporte: una actividad física regular es esencial para el bienestar corporal. Para la digestión, es especialmente aconsejable la gimnasia abdominal: favorece el tránsito intestinal a la vez que disminuye la aparición de estrés.

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