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La artrosis: el mal de las articulaciones

La artrosis afecta a cerca de 10 millones de franceses. Este reumatismo aparece generalmente con la edad y afecta al cartílago de las articulaciones. A veces, el dolor es tan importante que los movimientos de la vida diaria (caminar o lavarse los dientes) se convierten en un reto. Analicemos esta enfermedad, su evolución y los actos simples que pueden aliviarla.

La artrosis: el mal de las articulaciones

La artrosis es una enfermedad articular que se manifiesta por una pérdida del aspecto liso del cartílago con aparición de microfisuras y restos cartilaginosos en la articulación. 
El espacio articular se reduce y las superficies óseas entran directamente en contacto. Pueden aparecer alteraciones de la articulación: 

  • osteofitosis (excrecencias óseas),
  • geodas (cavidades óseas),
  • osteocondensaciones (aumento de la densidad del hueso, que puede volverse más quebradizo).

Estas lesiones a veces son muy molestas y dolorosas en la vida cotidiana y pueden producir una pérdida de movilidad. 

Illustration articulation

Artrosis: cifras elocuentes

  • Cerca de 10 millones de franceses padecen artrosis1, que altera los movimientos simples2.
  • La artrosis afecta solamente al 3 % de los menores de 45 años pero, después de los 65 años, el 65 % de la población se ve afectada y el 80 % después de los 80 años1.
  • La artrosis representa el motivo de 9 millones de consultas al año, de 14 millones de recetas y de 300 000 exámenes radiológicos3. Por ello, ahora se considera un auténtico problema de salud pública en Francia.

Factores de riesgo de artrosis

La aparición de la artrosis es multifactorial y su primera manifestación se presenta muy a menudo entre los 50 y los 60 años debido a la destrucción del cartílago. Es un proceso patológico generalmente relacionado con la edad, que también puede deberse a:

  • disfunciones metabólicas (obesidad, diabetes…);
  • un exceso de presión en las articulaciones (sobrecarga ponderal, llevar cargas pesadas con frecuencia, actividad física demasiado intensa1…); 
  • la manifestación de enfermedades particulares en la articulación; 
  • una simple fragilidad natural del cartílago. 

La herencia es un factor de riesgo en algunos casos, sobre todo en la artrosis de las manos.

Artrosis: las articulaciones afectadas 

En la franja de edad de 65-75 años, la artrosis afecta a: 

  • la columna vertebral (70 a 75 % de los casos),
  • los dedos (60 %) sobre todo con deformaciones irreversibles como consecuencia, 
  • las rodillas y las caderas (respectivamente 30 % y 10 %).

La artrosis de las rodillas y las caderas es la más invalidante, porque limita la movilidad. Las demás articulaciones pueden verse afectadas, pero el hombro, el codo, la muñeca y el tobillo rara vez se afectan1

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Consideraciones sobre el cartílago: el amortiguador de las articulaciones

El cartílago es un tejido vivo que recubre las superficies óseas y facilita el deslizamiento de una respecto a la otra.

  • Se compone de un 70 % de agua, lo cual le permite ser a la vez rígido y deformable para amortiguar los diferentes impactos.
  • No contiene vasos ni terminaciones nerviosas y comporta un solo tipo de células: los condrocitos, que le permiten renovarse permanentemente, incluso durante el envejecimiento.
  • También se compone de fibras de colágeno y proteoglicanos. Estos últimos aportan una mejor elasticidad del cartílago.

Durante el proceso artrósico, se produce un desequilibrio entre las actividades de síntesis y degradación de los condrocitos, en un entorno inflamatorio, fuente de dolor y, a menudo, ácido, propicio para el empeoramiento de las lesiones cartilaginosas.
 

Una evolución imprevisible 

Las lesiones del cartílago no regresan con el tiempo y su evolución no es lineal. Puede ser muy rápida y puede requerir la colocación de una prótesis en menos de 5 años (por ejemplo, en caso de la artrosis de la cadera). Al contrario, puede evolucionar lentamente, a lo largo de varios años, sin inducir una discapacidad importante4.

Se distinguen dos fases en la evolución de la artrosis, que se suceden a un ritmo imprevisible

Fase crónica 

La molestia diaria varía y el dolor es moderado.

Crisis de dolor agudo

Estas últimas se acompañan de una inflamación de la articulación: el dolor es intenso. 

La actividad física, recomendada en la fase crónica, está proscrita en caso de crisis. En efecto, hay que dejar la articulación en reposo, porque, en estas crisis dolorosas, es cuando tiene lugar la destrucción del cartílago.

Tratamiento de la artrosis

En la gran mayoría de los casos, se propone al paciente un tratamiento farmacológico asociado a un tratamiento no farmacológico, para limitar los síntomas. Consiste en reducir el dolor y la discapacidad.

Tratamiento farmacológico

  • Se prescriben analgésicos para luchar contra el dolor (paracetamol y antiinflamatorio en caso de brote inflamatorio).
  • Cuando el dolor no se alivia con analgésicos, puede realizarse una infiltración de corticoides (antiinflamatorios potentes inyectados en la articulación).

Tratamiento no farmacológico

  • Se basa esencialmente en medidas higiénico-dietéticas: pérdida de peso y actividad física fuera de los brotes.
  • Desde el punto de vista nutricional, los omega-3, sobre todo el DHA, se conocen por sus propiedades antiinflamatorias4,5 y pueden presentar un interés.

Pistas para reconstruir el cartílago 

Aunque todavía no existe un tratamiento capaz de reparar el cartílago, se dispone de estrategias para reconstruirlo. Un equipo del Inserm ha presentado recientemente una nueva generación de implantes osteoarticulares. Su estudio14 muestra que, combinando células madre y factores de crecimiento del hueso, estos implantes inteligentes permiten regenerar una articulación dañada. Estos resultados prometedores pronto serán validados a mayor escala con una treintena de pacientes con lesiones en la rodilla.

Limitar el dolor sin medicamentos 

Sulfato de condroitina y sulfato de glucosamina

Dos sustancias naturales han sido objeto de estudios controlados: el sulfato de condroitina y el sulfato de glucosamina. La EULAR (Liga Europea contra el Reumatismo) reconoce su interés para aliviar los síntomas de la artrosis6. El sulfato de glucosamina y el sulfato de condroitina, muy similares a dos sustancias presentes de forma natural en el cartílago, no solo alivian los síntomas, también podrían contribuir a ralentizar la progresión de la enfermedad y carecen de efectos secundarios. Parece existir una sinergia entre las 2 moléculas: tomarlas conjuntamente refuerza sus acciones7.

Plantas contra la inflamación

El harpagofito9, el sauce10, la cúrcuma y la boswelia presentan propiedades antiinflamatorias. Los estudios han demostrado, en especial, el interés de la cúrcuma11 y la boswelia12 en la disminución del dolor articular del paciente que padece artrosis.

Colocación de una prótesis

En caso de discapacidad grave, puede valorarse la colocación de una prótesis para recuperar la movilidad de la articulación dañada. La intervención quirúrgica («artroplastia») concierne mayoritariamente a la cadera y la rodilla, y mucho más raramente al hombro.

Durante esta intervención, la prótesis (articulación artificial) sustituye a la articulación enferma. Aunque mejora claramente la calidad de vida, su eficacia se limita a una media de diez años. 

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Medidas para proteger las articulaciones

Para limitar la progresión de la artrosis, se recomienda13

  • Practicar una actividad física regular, excepto durante los brotes inflamatorios, a razón de 3 veces una hora a la semana, para mantener la movilidad de la articulación y reforzar la musculatura: marcha, natación, ciclismo o gimnasia suave.
  • Pérdida de peso en caso de exceso (cada kilo de más se convierte en una carga en caso de articulaciones dolorosas) y evitar llevar cargas pesadas. 
  • Adaptar el entorno al estado de salud: por ejemplo, colocar rampas en la bañera, utilizar un bastón durante los brotes o colocar los utensilios al alcance de la mano en la cocina.
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