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Volver a la temática Microbiotas

Influencia de la alimentación sobre el eje intestino-cerebro

El intestino y el cerebro se comunican entre sí por medio de los nervios simpáticos (nervios esplácnicos) y parasimpáticos (nervios vagos), pero también por el sistema hormonal y el sistema inmunitario. Recientemente, los estudios han demostrado que la microbiota intestinal está implicada en estas interacciones (1).

Dado que la alimentación tiene influencia sobre la microbiota intestinal, los investigadores se han interesado por el impacto de una alimentación rica en azúcar y grasa (dieta occidental) sobre el eje intestino-cerebro.

La dieta occidental, ¿a favor o en contra?

El consumo de una dieta rica en azúcar y grasa tendría un impacto negativo sobre las funciones cognitivas, especialmente sobre los procesos de aprendizaje y memorización. Varios estudios han observado trastornos de la memoria en roedores que consumían una dieta occidental durante 3 a 9 días, en comparación con animales que seguían una alimentación equilibrada (2).

Además, el consumo de una dieta occidental parece favorecer especies bacterianas asociadas a una neuroinflamación y una disminución de las funciones cognitivas (3). En ratones alimentados con una dieta occidental durante 6 semanas, se correlacionó una reducción de Bacteriodetes y un aumento de Firmicutes con una baja flexibilidad cognitiva y trastornos de la memoria (4). Otro estudio también ha demostrado un aumento de Enterobacteriaceae, bacterias asociadas a la inflamación del intestino y el cerebro, en ratas que habían consumido una dieta rica en azúcar durante 30 días (5).

Los impactos negativos de la dieta occidental

La dieta occidental, mediante la modificación de la microbiota intestinal, también tiene un impacto sobre la producción bacteriana de ciertas moléculas que circulan por el organismo y son el origen de la neuroinflamación. En especial, la dieta occidental se ha asociado a una disminución de los lactobacilos, con la consiguiente reducción de la producción de ácidos grasos de cadena corta (AGCC), conocidos por sus efectos neuroprotectores (6). En cambio, los investigadores han observado un aumento de la concentración de endotoxinas inflamatorias producidas por la microbiota intestinal y asociadas a la neuroinflamación del hipocampo en ratones que habían consumido una dieta occidental durante 10 semanas (7).

Estos datos demuestran, una vez más, que la dieta occidental tiene efectos perjudiciales para el organismo. El exceso de azúcar y grasa tiene un impacto sobre la microbiota intestinal y, por ello, sobre el eje intestino-cerebro, lo cual contribuye a la neuroinflamación.

Realmente, ya no es un secreto: «¡La salud está en el plato!». 

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