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Historia: los primeros estudios

El estudio de nuestra microbiota intestinal se remonta a principios del siglo XX. Mientras que Pasteur se interesó por las bacterias patógenas, uno de sus alumnos, Elie Metchnikov, decidió, unos años más tarde, estudiar las propiedades de las bacterias presentes en los intestinos. Puso en evidencia los efectos beneficiosos de los fermentos lácticos (aportados por la leche fermentada y el yogur) sobre esta flora y sobre nuestro organismo en general.

Como consecuencia de estos trabajos, lanzó la idea de que estas bacterias, lejos de ser patógenas, sin duda desempeñan un papel esencial en nuestro bienestar.

Poco a poco, los diferentes estudios sobre estas bacterias demostrarán que intervienen a diversos niveles sobre nuestro organismo, en particular la asimilación de vitaminas y nutrientes, pero también la inmunidad. En los años 1990, la puesta en evidencia de nuestro «segundo cerebro1» en el intestino apoyará la hipótesis de que esta flora intestinal desempeña un papel mucho más importante todavía.

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El año 2006, etapa de transición 

A partir de 2006, gracias a los avances de la ciencia y la técnica de secuenciación de alto rendimiento, los científicos se ponen a descodificar el genoma bacteriano2 de nuestra microbiota intestinal. 
Descubren y analizan las propiedades de numerosas especies bacterianas hasta entonces desconocidas, porque la mayoría de ellas no se pueden cultivar in vitro.

Esta descodificación aporta la prueba y la explicación científica de los papeles ya conocidos o sospechados de la flora intestinal en la digestión, las diversas funciones metabólicas y las defensas inmunitarias.
¡Pero no solamente eso! También conduce a otros dos grandes descubrimientos: no solo cada individuo tiene una microbiota propia, aunque existe una cierta distribución constante de las especies bacterianas, una especie de base común que se encuentra en todos los individuos sanos, sino que, sobre todo, la microbiota de personas enfermas suele estar empobrecida y escasamente diversificada.

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    Es la puerta abierta a nuevas vías de investigación que, poco a poco, demostrarán el papel determinante que puede desempeñar este desequilibrio de la microbiota intestinal en el desarrollo de ciertas enfermedades: metabólicas, digestivas, infecciosas, alérgicas, neurológicas...
    Este desequilibrio lleva el nombre de disbiosis.

    Fuentes:

    • Didier Chos (2018) Prenons le pouvoir sur notre santé Vers une médecine sur mesure. Editions Solar.
    • Gabriel Perlemuter, Anne-Marie Cassard (2016) Les bactéries, des amies qui vous veulent du bien. Editions Solar.
    • Rambaud JC, Buts JP, Corthier G, Flourié B (2004) Flore microbienne intestinale. Physiologie et pathologie digestives. Ed John LibbeyEurotext. 
    • Cherbuy et al. Le microbiote intestinal: une composante santé qui évolue avec l'âge. Innovations agronomiques, 2013 ; 33 37-46 (www6.inra.fr/ciag/content/download/5203/40683/file/Vol33-4-Cherbuy.pdf)
    1. segundo cerebro: en la pared intestinal, existe todo un conjunto de fibras nerviosas que constituyen el sistema nervioso entérico, en relación continua con el sistema nervioso central; es lo que recibe el nombre de «segundo cerebro».
    2. descodificar el genoma bacteriano: el estudio del conjunto de los genomas de un ecosistema microbiano determinado lleva el nombre de «metagenómica».