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¿Para qué sirve el sueño?

Pasamos alrededor de 1/3 parte de la vida durmiendo..., ¡por lo tanto, es legítimo interesarse por esta función fisiológica!

Dormir: una función vital 

El sueño es una función vital del organismo, al igual que la respiración, la digestión o la inmunidad. También desempeña un papel clave en el estado de bienestar durante el día.

El sueño no es un estado continuo: se compone de 4 a 6 ciclos de sueño, cada uno de los cuales dura alrededor de 90 minutos en el adulto (en un sujeto sano). Cada ciclo de sueño comprende varias fases: sueño lento (ligero o profundo) y después sueño paradójico.

Al final de cada ciclo, puede haber un corto despertar, seguido por un nuevo ciclo de sueño o, a veces, por un despertar completo.
El sueño lento profundo es más reparador; es más abundante durante las 3 o 4 primeras horas siguientes al adormecimiento que durante la segunda mitad de la noche de sueño.

Cycle du sommeil

El sueño lento y el sueño paradójico no tienen las mismas funciones fisiológicas: 

Sueño lento: el cuerpo recarga las baterías 

Durante el sueño lento, el cuerpo y el cerebro están en reposo. La actividad cerebral y el tono muscular disminuyen, mientras el organismo se recarga de azúcar en previsión de una nueva jornada. Durante esta fase, se sintetiza la hormona del crecimiento, también llamada somatostatina, hormona que favorece el crecimiento de los niños, pero igualmente útil a lo largo de toda la vida, sobre todo para la reparación tisular.

Sueño paradójico: «consultar con la almohada» 

Durante la fase de sueño paradójico, el cuerpo está en reposo, pero el cerebro está despierto. Es el ámbito de los sueños: si se observa a una persona durante el sueño paradójico, se puede ver que sus ojos se mueven. Esta fase desempeña un papel importante en los aprendizajes y la memoria a largo plazo, y permite «poner orden en los asuntos». Por otra parte, por eso se recomienda a menudo a los niños que lean una lección antes de acostarse, para recordarla mejor al día siguiente por la mañana.
Por lo tanto, el sueño desempeña numerosos papeles para el organismo, además del evidente reposo del cuerpo y la mente.

Las funciones del sueño

  • Mantenimiento de la vigilancia en el estado de vigilia
  • Eliminación de toxinas
  • Mantenimiento de la temperatura corporal
  • Estimulación de las defensas inmunitarias
  • Reconstitución de las reservas energéticas de las células musculares y nerviosas
  • Regulación del humor y la activación del estrés
  • Producción de hormonas, en especial la del crecimiento y la melatonina
  • Mecanismos de aprendizaje y memorización
  • Regulación de funciones como la glucemia (y el apetito)
 

La importancia del sueño en el desarrollo del niño

Al nacer, la vida del bebé está regida por la alternancia de dos estados fisiológicos fundamentales: la vigilia y el sueño. Como en el adulto, el sueño se organiza en ciclos, con la sucesión del sueño agitado (paradójico) y tranquilo (lento). Pero, a diferencia del adulto, la noche se inicia por el sueño paradójico, para terminar por el sueño lento. A medida que el niño se desarrolla, el sueño se reorganiza para adquirir la misma estructura que el del adulto.

En la actualidad, se conoce bien la función determinante del sueño sobre el desarrollo físico y cognitivo del niño. Durante los primeros meses de vida, el sueño permitirá al cerebro del bebé terminar su maduración y, paralelamente, asegurar el crecimiento. Estas etapas, fundamentales, explican la cantidad importante de sueño necesaria en los bebés (unas 14 horas al día). En efecto, al nacer y durante el primer periodo de la vida, el bebé duerme casi todo el día, alternando fases de sueño y fases de vigilia. Durante este periodo, se regula su reloj biológico situado en el cerebro, gracias a los indicadores de tiempo (alternancia de luz y oscuridad, hora regular de los biberones, interacción con los padres…).

A partir de los 6 meses, el sueño empieza a organizarse como el del adulto: el sueño paradójico se produce más tarde en el ciclo y se vuelve más importante al final de la noche, y el sueño lento se localiza cada vez más en los primeros ciclos de sueño. Este sueño lento es importante, porque durante esta fase es cuando se sintetiza la hormona del crecimiento.

De 1 a 3 años, tiene lugar la maduración del sueño. El sueño lento profundo aumenta (36 % del tiempo de sueño), sobre todo al principio de la noche, y el sueño paradójico disminuye para igualarse al del adulto hacia los 3 años.

Necesidades diferentes según la edad

La National Sleep Foundation (NSF), organismo de investigación americano sobre el sueño, nos ofrece una tabla de referencia, con objeto de determinar el tiempo de sueño (SEO) necesario para cada uno, en función de la edad. Estos datos tienen valor de simple referencia, puesto que no tienen en cuenta las especificidades de cada individuo.

Los especialistas americanos de la NSF, con un grupo de expertos multidisciplinarios, en anatomía, fisiología, pediatría, neurología, gerontología y ginecología, han conseguido llegar a un consenso, después del examen de los datos científicos, sobre la duración del sueño recomendada en función de los grupos de edad. El objetivo de estas líneas directrices clínicas es, evidentemente, mejorar la calidad y la cantidad del sueño para reducir la aparición de enfermedades relacionadas con la privación, los trastornos o la irregularidad del sueño o la alteración del reloj biológico.

  • Recién nacidos de 0 a 3 meses: de 14 a 17 horas al día 
  • Lactantes de 4 a 11 meses: de 12 a 15 horas al día 
  • Niños pequeños de 1 a 2 años: de 11 a 14 horas al día 
  • Niños en edad preescolar de 3 a 5 años: de 10 a 13 horas al día 
  • Niños en edad escolar de 6 a 13 años: de 9 a 11 horas al día 
  • Adolescentes de 14 a 17 años: de 8 a 10 horas al día 
  • Adultos jóvenes de 18 a 25 años: de 7 a 9 horas al día 
  • Adultos de edad media de 26 a 64 años: de 7 a 9 horas al día
  • Adultos de 65 años o más: de 7 a 8 horas al día