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El papel de la vitamina D en la inmunidad

La vitamina D no es una vitamina como las demás, es la única que el cuerpo humano puede sintetizar, específicamente en la piel, bajo el efecto del sol. Sus efectos sobre la salud son numerosos, en especial, sobre la densidad ósea y el sistema inmunitario.

Los efectos de la vitamina D sobre el sistema inmunitario

Las vitaminas, en el sentido general del término, se obtienen exclusivamente a través de la alimentación.

Por su modo de acción, la vitamina D es, en realidad, una prehormona: nuestro organismo también puede sintetizarla, en la piel. Circula por la sangre para activar o desactivar ciertos mecanismos celulares. La vitamina D actúa especialmente sobre el sistema inmunitario, a diferentes niveles 2;3:

  1. La vitamina D permite el mantenimiento de la integridad de la mucosa intestinal, por su acción sobre las proteínas que constituyen las uniones entre las células intestinales. El intestino es el lugar de tránsito de los patógenos, por lo que su paso a la circulación sanguínea solo puede producirse atravesando la pared intestinal. Cuando la pared está alterada, presenta una hiperpermeabilidad que deja pasar a estos patógenos. Una pared intestinal sana es esencial para impedir su paso, así como una microbiota intestinal diversificada.
  2. La vitamina D tiene una acción sobre el sistema inmunitario innato: estimula a los macrófagos y las células dendríticas, que son los «soldados de primera línea» del sistema inmunitario. De esta manera, nuestro organismo reacciona rápidamente en caso de agresión.
  3. La vitamina D estimula también el sistema inmunitario adaptativo: aumenta el número de linfocitos Th2, produciendo un efecto antiinflamatorio.
  4. La vitamina D aumenta los mecanismos de eliminación de los patógenos, como la síntesis de agentes antimicrobianos por las células inmunitarias.
  5. Finalmente, la vitamina D se ha estudiado mucho en el marco de la prevención de las infecciones pulmonares agudas. Se observa que la complementación con vitamina D3 reduce el riesgo de contraer al menos una vez una infección de las vías respiratorias.
     

Las diferentes formas de vitamina D: la vitamina D2 y la vitamina D3

La vitamina D se encuentra en dos formas:

  • La vitamina D2, presente en los vegetales.
  • La vitamina D3, presente a la vez en los animales y los vegetales.

La vitamina D que fabrica nuestra piel es la vitamina D3. Tanto la vitamina D2 como la vitamina D3 pueden utilizarse para la complementación, con cantidades que se expresan en unidades internacionales.

Las unidades internacionales permiten establecer una referencia universal en la dosificación de las formas activas de las vitaminas y las hormonas. Como información, una unidad internacional = 0,025 microgramos de vitamina D3 y 1 ug de vitamina D = 40 UI.

La forma D3, mejor metabolizada por el organismo

Una vez ingerida, el conjunto de la vitamina D3 se une a una proteína transportadora en la sangre que la conduce hasta el hígado. Al llegar al hígado, experimenta una modificación de su estructura química y da lugar a una nueva forma de vitamina D (la 25(OH)D3). Esta forma, llamada circulante, es la que se determina cuando se realiza un análisis de sangre para conocer la concentración de la vitamina D.

A partir de esta forma circulante, se sintetiza la forma activa de la vitamina D, según las necesidades del organismo. En efecto, en respuesta a las señales que indican una necesidad, la vitamina D circulante sufrirá una nueva modificación de su química, que tendrá lugar principalmente en los riñones (pero también en otras células). Esta etapa es la que permite formar la vitamina D activa (el calcitriol).

La vitamina D3 se metaboliza mejor y conduce con más eficacia a la forma activa de la vitamina D que la vitamina D24.  

La concentración de vitamina D

Una concentración adecuada de vitamina D se define por un nivel circulante superior o igual a 75 nmol/l, es decir, 30 ng/ml. La determinación se realiza a finales de invierno o principios de primavera.

Alrededor del 80 % de los franceses tendrían una concentración inferior a 75 nmol/L y, por lo tanto, sufrirían un déficit de vitamina D.

La carencia de vitamina D, por su parte, se define por una concentración inferior a 10-12 ng/ml, lo cual es mucho más raro y afecta principalmente a las personas de edad muy avanzada que padecen enfermedades como la insuficiencia renal.

Existen diferentes parámetros que pueden explicar este déficit generalizado:

  • Una exposición al sol insuficiente durante el periodo invernal; en efecto, en un adulto sano, una exposición de las manos, los antebrazos y la cara durante 10 a 15 min dos o tres veces a la semana, de abril a octubre, bastaría para cubrir las necesidades1. Sin embargo, esta síntesis no siempre es óptima en Francia, sobre todo en invierno, en que la exposición al sol es insuficiente.
  • La contaminación atmosférica y una capa de nubes, que filtran los rayos UVB, utilizados por la piel para la síntesis de vitamina D3.
  • Una alimentación pobre en vitamina D2 y vitamina D3 (una de las fuentes mayoritarias de vitamina D3 se encuentra en el pescado graso).
  • Cabe señalar que las personas de edad avanzada y las personas de piel pigmentada (la pigmentación actúa como un filtro anti-UVB) tienen una menor capacidad de síntesis de vitamina D3.

La prevención: ¿qué cantidad de vitamina D3 debe aportarse con la complementación?

La Academia de Medicina francesa recomienda un aporte diario de 800 a 1000 UI. Este dato procede de un recordatorio de sus recomendaciones publicado en mayo de 2020 y relacionado con la pandemia de COVID-195.

Puede recomendarse una complementación concomitante con magnesio, porque contribuye a la activación de la vitamina D6. Finalmente, según las publicaciones científicas, la vitamina D solo es tóxica cuando las dosis aportadas son excesivas, es decir, del orden de 50 000 UI/d, durante un periodo de varios meses.

Para más información personalizada, pida consejo a un médico o un farmacéutico, idealmente formado en micronutrición.